Los juristas no podemos limitarnos a tildar de “políticas” las sentencias que
no nos gustan
El marqués de Beccaria inventó en 1764 el principio de legalidad penal para impedir la arbitrariedad de la Monarquía absoluta, que había dejado por toda Europa un amplio repertorio de sus crueles castigos: desde la condena a muerte del caballero de la Barre en París por no descubrirse al paso de una procesión, hasta el descuartizamiento de Juan de Cañamares en Barcelona por haber atentado contra Fernando el Católico. Contra ellos, lo primero que reivindicaba Beccaria en Dei delitti e delle peneera que solo las leyes pudieran decretar los delitos y sus penas, leyes que no
